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os primeros años de vida de los niños y niñas son primordiales para el desarrollo de sus habilidades, su identidad y su seguridad emocional. Estas ventajas obtenidas en la primera infancia les permite el despliegue del potencial que, más tarde, servirá de base para relacionarse con su entorno.

A través de las distintas ramas de la psicología infantil, hoy sabemos que la personalidad, actividad motora, relaciones sociales y tendencias futuras se desarrollan durante los primeros cinco años de vida, etapa en la que el niño autodefine el adulto que llegará a ser.

Por lo anterior, es necesario entregarles una educación parvularia de calidad, donde niños y niñas se sientan y sean los protagonistas de su propio aprendizaje. Un aprendizaje que se desarrolle desde el fondo de sus capacidades y habilidades, y que se realice a través de experiencias significativas, permitiéndoles relacionar conceptos y situaciones.

Por otro lado, a causa de los cambios que se están viviendo en el mundo, gracias a la globalización, los niños (as) ya no son los mismos de hace 15 o 20 años atrás. Los cambios científicos y tecnológicos, el entendimiento del planeta como una aldea global, donde no hay fronteras en las comunicaciones, y el descubrimiento de horizontes que hasta hace poco eran desconocidos, están haciendo que los párvulos se reconozcan como ciudadanos del planeta. De esta forma se hace imperativo un trabajo profesional con y hacia los niños, que les permita desarrollarse como personas íntegras, autónomas y capaces de construir su realidad, potenciando sus habilidades y talentos innatos; competencias que les posibilitará desenvolverse en el futuro, como adultos felices y plenos.